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Por Diego Förster
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31 de marzo de 2006 |
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Me gusta desayunar con chocolate caliente y huevo frito, prefiero almorzar con carne de cerdo y los sábados en la tarde me encanta comer palomitas de maíz y “dormir” televisión. Me aburre el fútbol, los vallenatos y asistir a las fiestas de cumpleaños. Me pone de mal genio las llamadas de “telemercadeo”, los debates políticos y estrujarme dentro de los buses del Transmilenio. Creo que las dietas, las cirugías plásticas y los tratamientos de belleza son puro mercantilismo… |
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Por Diego Förster
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31 de marzo de 2006 |
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Tengo una hija de 15 años, fruto de un matrimonio que desafortunadamente se derrumbó hace más de 11 años. La niña se quedó viviendo con su mamá y durante mucho tiempo traté de mantener una relación cercana con ella. Sin embargo, los irreconciliables factores que produjeron la separación matrimonial continuaron produciendo roces entre la madre y yo, afectando así mi imagen paterna y mi relación con la chiquilla. De esta manera, me convertí en el distante padre proveedor que poco o nada podía intervenir en la educación de su propia hija. |
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Por Natalia Rea
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31 de marzo de 2006 |
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No es necesario hacer una investigación para darse cuenta de que existen millones de personas que viven acomplejadas de su cuerpo, nariz, piel, etc. Basta con ir a un supermercado para observar que todo se vende en dos versiones: ‘light’ y normal. En un ambiente convulsionado y transformado por la nueva obsesión del ‘Cambio Extremo’, se tiene acceso a todo tipo de ‘ayuda’ física. Las ideologías de ‘verse bien, es sentirse bien’ o ‘las primeras impresiones son las que cuentan’ se han ido tergiversando hasta el punto de concluir en una situación de vida o muerte. |
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