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     INICIO arrow ARCHIVO arrow ARCHIVO 2007 arrow EDICIÓN 010 arrow “LINA: EL COLOR DEL DOLOR”.

“LINA: EL COLOR DEL DOLOR”. PDF Imprimir E-Mail
Por Diego Förster   
13 de julio de 2007

Mi vida comenzó en el día más hermoso de 1972, cuando llegué al mundo. Mi niñez fue muy feliz; era la nena consentida de una pujante familia campesina que, a pesar de ser ignorantes, nos rodeaban las comodidades gracias al trabajo honrado de mi padre.
Mi papá, mi héroe; un hombre analfabeta, rudo pa’trabajar pero de corazón gigante y dotado de una inteligencia increíble. Trabajó la tierra incansablemente y aplicando esa sabiduría campesina que se hereda de generación tras generación, logró que nuestra finca se convirtiera en una de las más prósperas y productivas de la región.

Mi primera infancia se desarrolló felizmente en esa pujante hacienda campesina en donde lo teníamos todo: amor en abundancia, comida, ropa, felicidad y esa libertad que solo puede dar el campo. Crecí amando la tierra, una tierra en la que mis pies descalzos dejaban huella, esa tierra que tenía un color parecido al de mi piel morena, una piel oscura que sudaba por el dinamismo de mis juegos y que brillaba con los rayos del sol.

Mi hermosa piel morena, la que en ese entonces fuera acariciada y refrescada por la brisa campesina, terminaría siendo el motivo de los repudios y rechazos más absurdos.

De mi niñez recuerdo muchos momentos bellos que ahora extraño, esos momentos cotidianos importantes que solo son tenidos en cuenta cuando se han perdido. Hecho de menos el canto de los gallos que anunciaban la llegada de cada nuevo día, días maravillosos en que las gallinas, vacas, cerdos y caballos se convertían en mis amigos de juego y los perros eran mis compañeros de andanzas… Cuanto anhelo volver a sentir lo que sentía en esa época.

Pero la ignorancia y la ambición serían los factores que cambiarían la vida de mi familia y yo sería una de las víctimas más damnificadas. Tanta prosperidad deslumbró a mi ignorante papá que comenzó a rodearse de gente indeseable que lentamente lo envolvió y lo fue llevando al mundo de los excesos, ese mundo seductor que nadie es capaz de manejar y en donde aquel que se arriesga a entrar se expone a no poder salir.

Mi mamá, una campesina fuerte y valiente, se enfrentó a una nueva situación que no sabía como manejar y trató de soportarlo todo pero no pudo evitar que el trago, la rumba, las apuestas y las mujerzuelas, rápidamente le fueran arrebatando a su marido, sus cosas y la tranquilidad de su hogar.
Nada ni nadie pudo evitar que mi papá se sumiera en la pernicia y provocara el hundimiento de la hacienda. Pero lo más grave fue cuando mi papá se vio en la quiebra e intentó recuperar lo perdido poniendo sus tierras al servicio de los cultivos ilícitos.
Entonces ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos: nos cayó la ley encima, los amigos de farra desaparecieron, mi papá fue a parar a la cárcel y lo poco que quedaba de la gran fortuna fruto de una vida de trabajo honrado, se fue al caño y la familia se sumió en una miseria tan profunda que mi mamá se vio forzada a acudir a la caridad.

Yo comencé a deambular por los hogares de mis medio hermanos que ya eran personas adultas y con hogares organizados; la bella y sonriente niña que fuera la princesa de su casa, objeto de mimos y atenciones, pasó a ser “la negra muerta de hambre” y una arrimada despreciada.
Conocí el hambre, las necesidades y, en medio de la confusión y cambios que no comprendía, me di cuenta que ya no contaba ni con mi papá ni con mi mamá… Comenzaba la pesadilla de mi vida.

Rápidamente mis ojos y mi piel dejaron de emanar aquel brillo reflejo de la felicidad; mi cuerpo semidesnudo no volvió a sentir las caricias del viento ni la calidez del sol y mis pies descalzos jamás volvieron a sentir la textura de la madre tierra.
Mis bellos amigos cuadrúpedos de la finca fueron reemplazados por crueles seres irracionales que llevaban la sangre de mi sangre y que lucían mi mismo color de piel pero que, por darme un plato de comida y un techo, se creyeron de mejor familia y se sintieron con el derecho de despreciarme, discriminarme y someterme a inhumanos maltratos psicológicos.

Mi piel de nuevo se veía semidesnuda, pero esta vez fue a consecuencia de la pobreza. Mis pies descalzos no volvieron a sentir la tierra ni la yerba fresca, tendrían que acostumbrarse a la frialdad de los pisos de concreto, aquel concreto que a veces me sirvió de cama en esas noches tan solitarias y tristes en las que mi mente se aferraba a los recuerdos de aquellos días felices.

El tiempo fue pasando y llegué a la adolescencia, ya no extrañaba la cama confortable que me abrigó mientras soñaba con nuevas aventuras y ni extrañaba los despertares con los cantos de los gallos, cantos que fueron substituidos por los aterradores gritos insultantes de mis patronas que me despertaban para que comenzara con mis quehaceres de sirvienta… Me habían convertido en la sirvienta de mis medio hermanos.

Durante mucho tiempo me acosté y me desperté llorando y no importa cuantos años hallan pasado por mi calendario, porque todavía extraño a esa familia que, durante un corto pero bello tiempo de mi vida, me brindó protección, seguridad y amor.
Cuando estaba en el momento más aterrador de mi vida, no tuve a quién decirle que tenía miedo, ni a quién pedirle consuelo ni compañía; de esa manera aprendí que uno no puede depender de nada ni de nadie y que hay que ser capaz de enfrentar la vida sola.

Después de tenerlo todo es muy duro entender y sentir la pobreza en carne propia. Pero nada se compara con el dolor que se experimenta cuando ves que inevitablemente estás perdiendo a tus seres queridos… El vacío de la repentina soledad, la separación de mi hogar y de mi familia, me dejaron huellas imborrables.
Cuando mi papá salió de la cárcel todo estaba tan destrozado y tan cambiado que no hubo manera de recuperar nada del pasado. Mi familia y yo habíamos sufrido mucho y todos habíamos cambiado tanto que nos resultó imposible comenzar de nuevo.

Entonces fue cuando, intentando mejorar mi calidad de vida, logré que otra media hermana me trajera a Bogotá para vivir con ella y lo que conseguí fue “pasar de Guatemala a guatepeor”, pero logré comenzar a estudiar.
En Bogotá sentí el verdadero rigor de la discriminación racial, situación a la que tendría que acostumbrarme porque sería una de las realidades típicas que acompañarían cada momento de mi vida. Me convertí en el centro de burlas de mis compañeros de estudio que me apodaron de mil maneras; no aceptaban que yo perteneciera a sus grupos de estudio y, mucho menos, a que participara en sus juegos.
Estudiando fue que conocí a un muchacho del que me enamoré, con el que perdí mi virginidad y quedé embarazada. Ambos nos pusimos de acuerdo, me fugué de la casa y nos fuimos a vivir juntos.
Mis suegros me hicieron una guerra terrible, me odiaban, no aceptaban que su hijo hiciera pareja con una “morocha muerta de hambre” y que su niño blanco fuera a tener un hijo con una “negra inmunda”. Sin embargo puedo decir que la convivencia durante mi embarazo fue buena, sentí estabilidad, amor, tenía a mi pareja y juntos compartimos la ilusión de tener a nuestro bebé.

Nació mi bella nena y mi vida tuvo una nueva razón de ser; pero el orgulloso padre de mi hija comenzó a cambiar inexplicablemente y se volvió arriero porque comenzó a decirme cosas como: “sírvame rápido la comida yegua hiejueputa”, “burra negra de la mierda”, etc.
Comencé a buscar trabajo pero tenia 16 años y no me recibían en ninguna parte, casi siempre me decían que no podían darme trabajo por ser menor de edad; pero varias veces fueron francos y me dijeron que no contrataban a negros.

Las cosas en mi casa empeoraban, los insultos racistas fueron en aumento pero yo había dejado de ser sumisa y me le enfrentaba a mi esposo. La cosa se puso verdaderamente fea cuando yo descubrí que él había cambiado por estar con otra mujer y comenzamos a tener peleas horribles en donde nos agredíamos físicamente; no aguanté esa situación y lo abandoné.

Cuando logré conseguir mi primer trabajo me sentí la mujer más feliz del mundo y pude volver a estudiar. Pero uno nunca logra acostumbrarse a las bromas racistas y a la discriminación, son cosas que duelen pero que es necesario aprender a manejar. Nunca te acostumbras a que algunos compañeros de trabajo eviten darte un saludo, a que se retiren cuando llegas, a que no te integren en las actividades, a que te pongan trampillas que dificultan tus responsabilidades o, incluso, que saboteen tu labor y corras el riesgo de perder el trabajo.

Lo más patético son la cantidad de tipos que te discriminan en público pero se te acercan en privado con la franca intención de acostarse contigo y te dicen que han oído que las negras tienen fama de “ser arrechas”, fama de hacerlo rico y que “ponen culo”.
Acaso, ¿No hay mujeres blancas o de otras razas que son excelentes amantes? ¡Claro que sí! Pero a las negras nos proponen sexo como si nos hicieran un favor, como si fuéramos animales inferiores sin sentimientos a los que se les puedes decir lo que se les venga en gana porque no merecemos el mínimo respeto.

Creí que en aquella empresa todo estaba supuestamente bien, pero no era así; habían dos socios, el uno era Cristiano y aceptaba todo color de piel, pero el otro no, entonces me sacaron y de nuevo me quedé sin trabajo.
Después logré vincularme a una nueva empresa, súper genial y logré estabilidad laboral durante tres años, pero quebró y todos los empleados quedamos en la calle. Para ese momento yo ya tenía una hoja de vida decente y la búsqueda de trabajo dejó de ser tan terrible. Claro está que si a una persona de raza blanca con mis mismas condiciones le toma dos meses encontrar trabajo, a esta negra le toma medio año.

Estaba en el proceso de buscar trabajo cuando conocí a un hombre que creí que era el príncipe azul de mis sueños. Nuevamente me enamoré y viví el romance más bello de mi vida. Solo me faltaba encontrar un buen trabajo para que mi hija y yo nos sintiéramos a las puertas del cielo.
Pero pareciera que los anticonceptivos también fueran racistas porque quedé embarazada; le di la noticia a mi “príncipe azul” y me estrellé con una reacción que jamás imaginé de este hombre. Me dijo unas palabras que retumbarían en mi cabeza el resto de mi vida: “Tiene que abortar, usted es negra y no voy a permitir que una hijueputa negra traiga al mundo un hijo bastardo que lleve mi sangre”.
Quedé helada, mi mente se constipó y discutimos sobre tantas cosas que ni puedo recordar. Él se marchó y yo quedé como en shock y desolada. Me había enamorado de otro miserable.

Días después él me llamó en actitud conciliadora y me invitó a una fiesta. Cuando nos vimos él estaba muy lindo y muy atento; yo pensé que había mucho que hablar pero que las cosas se podían arreglar y me sentí contenta.
Llegamos a la casa de sus amigos y me ofrecieron una bebida, tomé unos sorbos y no recuerdo nada más.
Me desperté mareada, con fuertes dolores vaginales y en el vientre; me di cuenta que estaba acostada en una camilla, pero no estábamos en la casa de la fiesta, ni en una clínica ni en un consultorio y, a pesar de estar drogada, de inmediato supe que me habían practicado un aborto clandestino en contra de mi voluntad.
Fugazmente recuerdo que mi adorado novio y sus amigos me motaron a un carro y que me dejaron en mi casa.

No puedo describir lo que sentí en los días siguientes; estaba vuelta mierda, pero no tenía trabajo y no podía darme el lujo de sumirme en la depresión. Consideré la idea de denunciar a esa bestia, pero pensé que si ese hombre había sido capaz de hacerme eso, podía ser capaz de hacerme algo peor o hasta dañar a mi hija.
Además, ese monstruo conocía toda mi historia, se aprovecho de mi situación y de todos mis temores; en el fondo él sabía que sería fácil intimidar a una madre solitaria, a esa morocha despreciable a la que nadie le creería por ser una negra pobre e insignificante.

Lloré la perdida de mi bebé, lloré al imaginar lo que le hicieron a su cuerpecito para sacarlo de mis entrañas y lloré al darme cuenta que sus restos habían terminado en una caneca de la basura. Yo sabía que lo hubiera podido sacar adelante sola, igual que estaba logrando criar a mi hija. No podía creer lo que nos había pasado y esta es la hora en que no puedo creerlo.

Ya perdí la cuenta de cuantas veces he tenido crisis terribles en mi vida, momentos de tanta desesperación que me han llevado a pensar en el suicidio y ese fue uno de esos momentos en que me sentí tan atrapada por la injusticia y por el racismo, que llegué a creer que no había otro camino para encontrar paz en mi alma. Yo no soy depresiva, pero hay palabras y situaciones que son capaces de doblegar al más duro:
“Usted es negra y no voy a permitir que una hijueputa negra traiga al mundo un hijo bastardo que lleve mi sangre”.

Jamás sería capaz de hacerle daño a mi hija y mucho menos de abandonarla y exponerla a la soledad y humillaciones que me han tocado vivir a mi; creo que por eso nunca he podido considerar seriamente el suicidio.
Una madre hace cualquier cosa por sus hijos y entiendo perfectamente a las madres que han llegado a prostituirse para sacar adelante a sus familias. En mis momentos más angustiosos llegué a pensar en alquilar mi cuerpo, pero siempre encontré la solución salvadora que me libró de tomar esa terrible decisión.

Hoy día tengo 34 años, mi hija tiene 15 y vivimos con mi mamá en un apartamento propio que estoy pagando; tenemos un hogar feliz en donde escasamente tenemos lo necesario pero en donde reina el cariño y sobra el amor.
Seguiré luchando para subsistir y sé que con mi ejemplo le he enseñado a mi hija a defenderse de un mundo racista y clasista. También le he enseñado a mi hija a tener sueños y a luchar por ellos porque siempre he soñado y creo que mis sueños han sido el motor de mi vida.

Soñé con ver crecer y darle a mi hija una buena educación, soñé con tener un hogar, soñé con darle a mi madre amor y una vida digna, soñé con un trabajo estable… gracias a mi empeño he logrado que mis sueños o metas más importantes se estén realizando. No puedo cantar victoria por que mi hija no ha llegado a la universidad, no he terminado de pagar mi casa y los empleos se pueden perder, pero ahí vamos.

Como cualquier adolescente de cualquier raza, tuve sueños que no se pudieron realizar, por ejemplo: yo quería ser miembro del DAS, quise ser auxiliar de vuelo, sueño y sigo teniendo la esperanza de encontrar a ese hombre que me ame, que valore mis virtudes y que acepte mis defectos. Sueño con poder hacer algo para que la gente sea gente de verdad, que deje de ser racista y que el color de piel, ni la raza, ni el físico sean motivos para que se cometan atropellos y se discrimine a otros seres humanos.
Ahh. También soñé con ser modelo profesional y aparecer en revistas y en la televisión, pero no solo me dijeron que sin tetas no hay paraíso, también me dijeron que “una negra” con tetas feas jamás podrá entrar a ese paraíso; por eso fue que cuando leí ese artículo en su página de Internet decidí probar suerte y llamarlos para ver que pasaba.

Nunca imaginé que al hablar con los directores de esta página me dieran la posibilidad de ser modelo y me propusieran que contara la historia de mi vida; siempre pensé que yo y mi vida no le importaba a nadie y, menos aún, que alguien se interesara en publicarla en alguna parte.
Posar para las fotos de mi propio artículo fue la experiencia más maravillosa de mi vida y quise posar desnuda porque en esta historia también desnudo mi alma y cuento cosas que no me había atrevido a contarle a nadie.
Quise que todos me vieran como soy, me siento orgullosa de lo que he logrado hacer en la vida y cada día me siento más orgullosa de mi raza, de mi color y de mi cuerpo, así tenga unas tetas feas… Nadie es perfecto.

Le agradezco de corazón a Diego por esta maravillosa oportunidad.
Quiero dedicarles esta historia a mi adorada hija y a todas las personas que son víctimas de cualquier tipo de discriminación para que luchen con persistencia y no dejen morir sus sueños.
Quiero decirle a la gente que se siente superior y que se dan el lujo de discriminar, que piensen que tienen padres, hijos y hermanos, que recuerden las extrañas vueltas que da la vida y que alguno de sus familiares pueden caer en la ruina y ser víctimas de alguna forma de discriminación. "No le hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan”.

A la gente de mi raza solo le puedo decir que dejen de ser tan resentidos y que no se aprovechen de las mujeres ni de personas más débiles. “No hay cuña que apriete más que la del propio palo”. Nunca he podido entender el porqué la gente de raza negra me humilló y me maltrató tanto; es increíble que siendo iguales de negros me trataron como un ser diferente y despreciable.

Gracias Dios mío por mi hija, gracias por acompañarme en esos momentos de dolor y gracias por mostrarme el camino del amor.

(Para ver más fotografías de Lina PICA AQUÍ)

Comentarios
Gracias!!!
(Comentario de Juan Manuel el 2007-07-14 07:08:59)
Señora Lina, aparte de felicitarla, solo le puedo dar las gracias por compartir publicamente este drama tan desgarrador. Su historia me ha puesto a refleccionar y creo que todos podemos hacer algo para cambiar este mundo. Gente como usted, mujeres como usted son el mejor ejemplo para las personas que lo tenemos todo y nos quejamos.
El camino de la Esperanza
(Comentario de Iván Sarmiento el 2007-07-14 11:21:40)
Lina, mil gracias por mostrarnos su tenacidad y compromiso con la vida. Su historia es un ejemplo extraordinario para recordar que existen dos caminos. Uno que se recorre con los excesos, la ambición, la ilegalidad, la prepotencia, el maltrato, la discriminación, la sexualidad desordenada, el aborto y finalmente llega al suicidio; en oposición con Otro, en el que se avanza con la humildad, el amor, la familia, el esfuerzo, el dolor, el sacrificio y que, como su historia, siempre nos invita a dar un paso más hacia la esperanza. Solamente quisiera recordarle que no estamos solos y aunque en el artículo usted solamente lo nombre en el último párrafo, le insisto que Dios siempre nos acompaña y, a pesar de la maldad del mundo, nos lleva de la mano hacia una vida mejor.
Bien mi hermana
(Comentario de Jorobao el 2007-07-14 21:23:05)
Que nena tan cojonuda. Negrita, lo que usted tiene de linda también lo tiene de berraca. La felicito y piense que esos tipos dejaron perder a una buena mujer.
DIOS TE BENDIGA
(Comentario de el 2007-07-17 09:21:08)
OYE NENA, DEFINITIVAMENTE,PERSONAS COMO TU ES QUE NECESITAMOS NO SOLO EN COLOMBIA SINO EN EL MUNDO ENTERO, BUENO TE INVITO A QUE SIGAS ADELANTE, DIOS TE SABRA COMPENSAR POR TU TENACIDAD. 
UN FUERTE ABRAZO.
Que Berraquera de Mujer
(Comentario de CATHERINE SOLORZANO T. el 2007-07-17 14:16:30)
Lina, gracias pro compartirnos tu historia de vida, temereces por tanta fortaleza las mejores cosas de la vida y todas las bendiciones del mundo, espero que todo lo bueno que haz cosechado se te devuelva en felicidad, gracia y estabilidad. Que seas FELIZ, Un abrazo tu amiga.
ME GUSTO
(Comentario de VITORFULIO el 2007-07-18 07:58:16)
POR FIN PUBLICAN ALGO BUENO PERO HACEN FALTA FOTOS. MIS RESPTETOS LINA, USTED ES LINDA EN TODO SENTIDO.
Las mujeres somos así
(Comentario de Diana Prieto el 2007-07-31 07:33:48)
Tontas, soñadoras, románticas pero muy emprendedoras. No solo hay discriminación por raza, a la mujer la discriminan por ser mujer y nos usan y nos desechan caprichosamente. Por momentos somos el objeto más deseable para luego convertirnos en el más despresiable y no hay nada más discriminador y mierda que las mismas mujeres contra las mujeres.
Modelo de vida.
(Comentario de Francisco Javier. el 2007-08-01 15:48:13)
Ya te he escrito antes, en cuanto he visto tus fotos. Ahora, tras leer la historia de tu vida, debo decirte que no sólo eres un verdadero modelo de sensualidad femenina, eres también un modelo de vida. 
 
Inteligente, natural, sencilla, buena, valiente y amorosa. 
 
Enhorabuena. Por favor, sigue así. Un abrazo.
Todo bien, pero...
(Comentario de Natalia el 2007-09-10 14:01:40)
¿Había necesidad de empelotarse?
Problema de muchos!!!!! Lastimosamente
(Comentario de Yuly el 2008-01-04 23:31:13)
La publicacion me parecio interesante aunque parece ser desgraciadamente el comun denominador de gran parte de la sociedad colombiana... 
ahora algo q no entendi... si nacio tu hija a las 16 años... y ahora tiene 15 deberias tener 31 años.. no entiendo porq tienes 34....mmmm....mmmm...mmmmm seria interesante una respuesta .. gracias

(Comentario de jalal el 2008-01-23 08:30:49)
je t'aime bouqupe je veu te nik donne la msn svp
Gracias
(Comentario de Alejandra el 2008-01-25 07:32:33)
La Verdad Lina, te escribo desde Argentina, tu historia simplemente una historia de vida que sirve de ejemplo de que sí se puede. Muchas gracias por ser cómo sos, y por compartir tu historia que me hizo emocionar hasta las lágrimas. Yo también sufrí discriminaciones, y este artículo me ayuda a no bajar los brazos. Mucha Suerte!!!!
Natalia Y Yuli
(Comentario de Ale el 2008-01-25 07:38:19)
Yuli: No dice que la tuvo a los 16 sino que comenzó a buscar trabajo a los 16, por ende volvé al primario y aprendé a leer. No critiques sin motivo. Muy resentida de tu parte!!!!  
 
Natalia: Es lo único que se te ocurre decir: que tenes en las venas ¿sangre o aire?- Mejor no te digo en el cerebro
estoy deacuerdo con natalia
(Comentario de juanca el 2008-02-12 15:40:32)
no tenia necesidad de empelotarse... para que? 
NO SE EMPELOTÓ, ....
(Comentario de EDWIN LEMUS el 2008-02-19 22:39:06)
ES SIMPLEMENTE LA REALIZACION DE SU SUEÑO AL QUERER MOSTRARSE AL MUNDO TAL CUAL ES, POR ESO DICE EN SU ARTICULO QUE MAS QUE SU CUERPO, DESNUDÓ SU ALMA, PERO BUENO, ESO SOLO LO ENTENDEMOS LOS QUE SABEMOS DE ARTE Y NO SOMOS MOJIGATOS COMO LA GRAN MAYORIA DE LA SOCIEDAD, QUE TIENE DOBLE IDENTIDAD EN MUCHOS CASOS. 
TE FELICITO NEGRA LINDA POR TU ARTICULO Y POR ENSEÑARNOS A MUCHOS A SER VALIENTES Y DECIDIDOS EN LA VIDA
SOS EJEMPLO PARA NOSOTROS
(Comentario de Edwar el 2008-04-10 13:48:23)
Desde Medellin te felicito, sos un verdadero ser humano, muy berraca, muy tenaz, y sabes, no tengo hijos, pero imagino como la vida cambia cuando vienen al mundo, y sé que son motor de vida. 
MUY BUEN ARTICULO.
Moe Bien
(Comentario de Aleja el 2008-05-22 12:05:56)
Me parece moee pero moee bn ya ke no debemos dejarnos decaer simplemente por ser de otro color de raza! al contrario debemos salir adelante y luchar por lo ke verdaderamente keremos.. la historia de Lina es un ejmplo, para todos akellas personas ke creen ke por su color de piel van a hacer discriminados...

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